“El dominio del fuego y la consecuente cocción de los alimentos se suelen considerar como la primera, y quizá la más importante, de las revoluciones humanas”.
Por Yury Marcela Ocampo Buitrago.
En la cocina convertimos lo crudo en cocido. Para algunas personas esta transformación es convertir lo natural en cultural: a través de procesos físicos y químicos transformamos lo que nos ofrece la naturaleza en aquello que consideramos bueno para comer, en un producto cultural que, más que alimentar, produce placer. Esa papa brotada de la tierra, llevada a la tienda, plaza o supermercado, será convertida, según lo que se considere bueno para comer, en sopa, puré, licor, fritura, pan, pastel, etc.
El dominio del fuego y la consecuente cocción de los alimentos se suelen considerar como la primera, y quizá la más importante, de las revoluciones humanas. Esta revolución, a la que podríamos denominar la revolución de la cocina, fue crucial para la evolución social y biológica de la especie animal que somos: homo sapiens sapiens.
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En lo biológico, pasar de comer alimentos crudos a cocidos facilitó la masticación y digestión, aumentó el aprovechamiento de los nutrientes y eliminó patógenos. En lo social, posibilitó el desarrollo de habilidades de interacción con otros para la consecución de alimentos, su transformación a través del fuego y su repartición. En sí, cocinar nos transformó cultural, anatómica y fisiológicamente.
Podríamos pensar en la cocina como las acciones relacionadas con la cocción de los alimentos, las cuales poco a poco se convirtieron también en el espacio en el que tienen lugar dichas acciones y en el que, particularmente, mantenemos el fuego. Y así como la forma de preservación de este ha evolucionado de la hoguera a los fogones modernos, la cocina también ha pasado de ser una habitación externa para luego incorporarse completamente al interior de las casas. Allí, en la cocina, seguimos reuniéndonos en torno al fuego y la transformación de los alimentos.
De ahí que, en la cocina no solo cocinamos: conversamos, resolvemos disputas, chismoseamos, hacemos crecer las familias. La cocina se convierte en metáfora: cocinamos ideas, palabras, negocios, proyectos, amores. Es un espacio que conecta lo externo con la intimidad del clan, la familia, los individuos y sus cuerpos.
Hasta la cocina solo llegan las personas más cercanas al hogar. Cuando este se llena de amigos lejanos, preferimos sacar la cocina de su lugar habitual y prendemos fuego en el exterior, en un fogón improvisado. Sin embargo, la esencia de la cocina permanece: allí el fuego transforma los alimentos y nos reunimos en torno a esto. Nos acercamos.
Por eso, en esta primera entrega de En la cocina, una columna sobre lo que hierve, se transforma y se comparte dentro y fuera del fogón, quise darles la bienvenida para que hagamos de este espacio una cocina compartida y mantengamos viva la llama.
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