En la cocina

Chontaduro, entre el odio y los dioses

2026-06-28
Imagen de Chontaduro, entre el odio y los dioses

Por Yury Marcela Ocampo Buitrago.

La palma de chontaduro (Bactris gasipaes) tiene múltiples usos. Las raíces se han usado como antiparasitarios; las espinas, como agujas; el tallo, para la construcción de cañas de pescar, arpones, flechas, arcos, pisos e instrumentos musicales; las flores, como condimento; las hojas, como pigmentos o techo; el palmito, la semilla y el fruto, como alimentos. En Colombia es fácil reconocer las chambranas de chonta o macana, la marimba de chonta y, por supuesto, los frutos entre naranjados y rojos que, usualmente, se comen con miel y sal.

Se estima que esta planta nos acompaña hace varios milenios y entre las hipótesis de su origen está la cuenca occidental del Amazonas, así como la región occidental de los Andes o lo que en Colombia conocemos como la Región Pacífica. Hay restos arqueológicos que indican que ya se cultivaba entre el 2300 y el 1700 a. C. y que, desde entonces, generación tras generación, se han seleccionado cuidadosamente las semillas, lo cual ha permitido cosechar frutos cada vez más grandes y nutritivos.

Esta planta es tan propia del continente que tanto la palma como el fruto reciben distintos nombres según las culturas, las lenguas y las regiones: jẽga y supi en embera, nul y chánul en awapit, móomoho y móomo en bue; pupuña en Brasil y Perú, tembé en Bolivia, pejibaye en Costa Rica. El mismo nombre chontaduro viene del quechua chonta, que significa madera de palma, y ruru, que significa hueso de fruta.

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Además, la existencia de mitos sobre su surgimiento también indica el arraigo a estas tierras. En varios pueblos indígenas hay relatos sobre el origen del chontaduro que, así como el maíz o la yuca, fue obtenido de dioses, semidioses o seres de otros mundos por regalo, robo o rescate. Así mismo hay fiestas, bailes y épocas del calendario asociadas a esta planta.

La valoración del chontaduro no solo tiene que ver con los múltiples usos que se le da a toda la palma, sino que su fruto es un alimento sumamente nutritivo y con gran poder de saciedad. Desde los estudios realizados en la década del 70, se sabe que es un fruto con abundancia en carbohidratos, grasas, fibra, proteínas, vitaminas A y E, y minerales como potasio, magnesio, fósforo, etc.

Actualmente, es un alimento importante en las regiones Pacífica y Amazónica de Colombia, pero debiese serlo para todo el país. No solo porque es un gran alimento que aporta fibra y vitamina A, tan ausentes en nuestra alimentación, sino porque fortalecería las economías locales y la cultura alimentaria propia, cada vez más atropellada por los comestibles ultraprocesados globales.

El chontaduro es uno de esos alimentos que las personas rechazan sin probar, entre otras razones, porque tenemos el gusto colonizado y cada vez más atrofiado por los productos ultraprocesados. Probamos más fácilmente un producto traído del otro lado del mundo del que desconocemos de qué está hecho, pero que aparece en la TV y redes sociales, que aquellos alimentos asociados con lo indígena, lo afro o lo negro y que no tienen pautas, propagandas o vallas publicitarias.  

Tenemos la idea de que comemos lo que nos gusta, pero, cuando revisamos la construcción de esos gustos, nos damos cuenta de que, en realidad, nos gusta lo que más comemos. El gusto alimentario tiene una fuerte influencia cultural y, ahora, del mercado, que nos muestra unos alimentos como si fueran más deseables que otros. Hace menos de un siglo, las elecciones alimentarias poco tenían que ver con el gusto, sino con lo que estaba disponible que, a su vez, era también lo que más le gustaba a la gente.

Por eso, los y las invito a probar y a comer chontaduro, a disfrutar este manjar de dioses, a permitirse construir el gusto por un alimento que es muy rico, nutricional y culturalmente.  

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