Por Natalia Montoya Cardona.
Bajo el peso de su propio color,
dos fucsias se inclinan como cuerpos que saben
el lenguaje secreto de la caída.
Modulan, vacilan, circundan;
la cercanía es acaso un presagio.
Son dos, juntas, en la breve eternidad del tallo,
meciéndose en un pacto de rosa y sombra,
como manos que guardan un secreto.
¿Es la piel la raíz?
Y apenas se rozan entrelazadas en el viento,
mientras el mundo se pierde en su equilibrio.
Se abrazan, pero no se entregan
y las palabras se consagran
en un silencio dulce que no se nombra,
como un murmullo de alas en la tarde,
a orillas de un vuelo pausado.
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La ansiedad por compartir la vida: el «yo viví» como obligación
«El ‘yo viví’ de los griegos, de los monumentos funerarios, de los diarios íntimos escritos para nadie más que uno mismo, el de las grandes proezas o el de construcción de una familia, se ha convertido en un ‘yo publiqué’, medido no en sentido, sino en visualizaciones».
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Venid y ved
«He aquí tres relatos de vida, contados por alguien que busca sosiego en el contacto con la naturaleza, personas quienes con dedicación hacen que florezcan: lirios amarillos, rosas, pensamientos, guayacanes o yerbas medicinales».
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Cuatro años en la cárcel sin que nadie lo haya condenado
La Corte Constitucional admitió, en el expediente D-17722, una demanda contra la ley que permite mantener hasta cuatro años en detención preventiva a personas señaladas de pertenecer a organizaciones criminales.


