Voces de los Caminos

Venid y ved

2026-09-13
Imagen de Venid y ved

Por María Gabriela Pavas Álvarez

En algún parque, a la entrada de una casa, a la salida de un pueblo, en la esquina de alguna plaza; habrá una planta con nombre propio.

He aquí tres relatos de vida, contados por alguien que busca sosiego en el contacto con la naturaleza, personas quienes con dedicación hacen que florezcan: lirios amarillos, rosas, pensamientos, guayacanes o yerbas medicinales.

Nos cuenta Virgelina Méndez, quien cuida del jardín y de la imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro, ubicada al frente de la cancha Diecinueve de Diciembre. Nos relata que hace su destino por devoción y por hobby; que ya le hace falta estar allí cada ocho días. «Me siento bien haciendo el destino, soy la única que viene por aquí», dice, mientras lava los floreros y les echa agua limpia del pozo, para poner en ellos las margaritas; estrega el piso y lava las bancas de madera, quita las hojas secas a las matas de lirio, a las que ella llama «las flores de bananas amarillas», bananas pequeñas. «Así las llamo», dice con alegría, «vengo todos los viernes a las ocho de la mañana». Cuenta que así lucen impecables: el jardín, la imagen y todo el santuario, al que cuida con esmero desde hace más de veinte años, para que los turistas y las personas de cualquier lugar que quieran tener un rato de oración, puedan hacerlo en un lugar agradable entre flores y naturaleza.

Venid y ved
Créditos: María Gabriela Pavas Álvarez.

Ahora conozcamos a «Alejandrux», el guayacán amarillo sembrado y cuidado por Ruby, que lo protege como una madre; un árbol ya grandecito de aproximadamente año y medio, y poco más de un metro de alto, el que comparte nutrientes con los eucaliptos y los chagualos, entre otros árboles en el parque Josam.

«‘Alejandrux’ es el árbol de la vida», dice Ruby, mientras remueve la tierra y lo desyerba alrededor de la raíz. Una mañana me acerqué a ella y le pregunté si trabajaba con el municipio, arreglando los árboles y el jardín del parque, y me dice que no; que ella quiere contarme una historia. «Es que yo planté este árbol en honor a un bebé que perdí», dice, «y entonces lo cuidamos entre toda la familia, y le pusimos de nombre ‘Alejandrux’. Imagínese que un día tuvimos que curarlo con penca sábila, porque resultó con una herida; así que venimos todos los sábados para estar en contacto con él, como si fuera nuestro niño, el hermanito menor de mi hija. Él será la sombra para protegernos del calor, aquí nos reuniremos junto a él por muchos años, nos guiaremos por sus ramas extendidas, en rectitud hacia adelante, y así no nos sentiremos solos, con su compañía y su presencia».

Venid y ved
Créditos: María Gabriela Pavas Álvarez.

Es maravilloso conocer la historia de «Alejandrux», el pequeño guayacán amarillo, que se empina, ya repuesto con la corteza nueva en la cicatriz de su tronco; imponente, mueve sus ramas, al horizonte, para dar sombra.

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Otra de las historias es la de Albeiro de Jesús Cardona «Nereo», quien nos conecta de una forma especial con lo artístico; ver las piedras pintadas de colores brillantes, y sobre todo, las cruces hechas por él mismo, con madera de pino o de otra especie cualquiera que encuentre en el camino; algunas pintadas de color púrpura. Albeiro de Jesús nos presenta «El Monte Calvario», hecho con devoción, amor y felicidad, de sus manos; un lugar especial y atractivo, lleno de color, con variedad de plantas, sembradas en cuencos, alcancías y tarros de pintura. Un lugar al que se llega desde «La Fuente del Señor Caído», creada también por Albeiro de Jesús, una cascada de agua entre piedras de colores brillantes con dibujos de palomas, ovejas, palabras y frases que, como dice él, son «para que cada uno reflexione, porque cada uno se labra su destino». “Pasión, angustia, tristeza”, se lee en una de las piedras.

Venid y ved
Créditos: María Gabriela Pavas Álvarez.

Albeiro de Jesús cuenta, con lágrimas en los ojos, sobre la devoción y la fe con que cuida su jardín. Todos los días le da vuelta y lo riega con agua, para que no se marchite; también siembra: romero, toronjil, yerbabuena, cidrón, para que la gente que vaya a ver «El Monte Calvario» lleve hojas y haga sus bebidas y así tengan buena salud «para que labren bien su destino, con la ayuda de Dios».

A Albeiro de Jesús se le reconoce con facilidad en el pueblo, se le encuentra cuidando de su jardín, elaborando estaciones (viacrucis), por la orilla de la carretera; o dibujando sobre las piedras, pintando cruces para llevar a las escuelas, cerros o sembrados, «en cuerpo y alma», dice. Lo encontramos muchas veces vestido con túnica, capa y corona de espinas; recogiendo las peticiones para llevar hasta Girardota en Semana Santa y quemarlas en la plaza, frente a la Catedral del Señor Caído. «Las recojo desde la Navidad», cuenta con los ojos encharcados.

Venid y ved, conectad.

(Los anteriores relatos están ambientados en el municipio de La Unión, Antioquia).

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    Venid y ved

    «He aquí tres relatos de vida, contados por alguien que busca sosiego en el contacto con la naturaleza, personas quienes con dedicación hacen que florezcan: lirios amarillos, rosas, pensamientos, guayacanes o yerbas medicinales».

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    Cosas extrañas

    «Qué cosas tan extrañas son los pensamientos a lo largo de los años. Uno se levanta temprano como cualquier pájaro, y en las tardes, no se ve ‘de uno’, ni un alma enserenada, ni en la calle, ni en el camino».

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    El fruto de tu vientre

    «Quisiera mencionar la admiración, el respeto y el cariño que muchas personas tenemos hacia las madres solteras, decirles que ellas son mucho más de lo que algunas veces creen, cuando se sienten solas o sin fuerza para continuar su camino».

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