Por María Gabriela Pavas Álvarez.
Veré el brillo de las aguas,
me llevará el caudal en el instante mismo del viaje,
después caminaré o me detendré
según el tinte que me depare el universo;
tal vez, el color plata de la lluvia caiga sobre mi pelo blanco;
en la noche miraré con intensidad la bóveda celeste,
regresaré de allí y daré tres pasos en el suelo.
Cuando todo pase, no sé dónde y haya tiempo,
habrá un mediodía para ayudar a los insectos
a enterrarse vivos en el césped fresco;
al atardecer veré morir un astro, entonces
nacerás en mí, a oscuras e invisible,
al amanecer veré regar la luz de nuevo
y dorados girasoles darán vuelta al horizonte;
de prisa llegará a mí la soledad.
Cuando inhale y exhale serás aroma del aire que respiro,
irás conmigo en el caudal, en el mismo viaje
porque habitas en el átomo de aire, mi átomo de verdad.
Cuando todo pase y haya tiempo,
de qué y a dónde, no lo sé.
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Venid y ved
«He aquí tres relatos de vida, contados por alguien que busca sosiego en el contacto con la naturaleza, personas quienes con dedicación hacen que florezcan: lirios amarillos, rosas, pensamientos, guayacanes o yerbas medicinales».
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Cosas extrañas
«Qué cosas tan extrañas son los pensamientos a lo largo de los años. Uno se levanta temprano como cualquier pájaro, y en las tardes, no se ve ‘de uno’, ni un alma enserenada, ni en la calle, ni en el camino».
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El fruto de tu vientre
«Quisiera mencionar la admiración, el respeto y el cariño que muchas personas tenemos hacia las madres solteras, decirles que ellas son mucho más de lo que algunas veces creen, cuando se sienten solas o sin fuerza para continuar su camino».
